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La posibilidad de unas islas

Celeste Orozco
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“No es verdad que hubo sobrevivientes. En el corazón de cada uno hay dos espacios arrancados y cada mordisco tiene la forma exacta de las islas”. La frase pertenece a la novela Las Islas, de Carlos Gamerro, y de allí sacó su nombre el último y elogiado film de los realizadores Daniel Casabé y Edgardo Dieleke. La forma exacta de las islas, que podrá verse hasta fines de agosto en el Malba, retrata el viaje a las Islas Malvinas de una joven investigadora argentina y su encuentro con dos ex combatientes y con su propio drama personal. Pero detrás de la trama se esconde la búsqueda de una representación de Malvinas que rompa la narrativa de la guerra y reelabore el sentido de la soberanía y de nuestra relación con ese paisaje mítico. ¿Es posible una nueva mirada sobre las Islas?

Se aclara antes de comenzar La forma exacta de las islas: esta no es una película sobre la guerra. Y es cierto. Esto no tiene nada que ver con el material audiovisual que conocíamos hasta ahora sobre Malvinas.

El primer argentino en documentar en fílmico Nuestras Islas Malvinas, tal el nombre de su trabajo, fue Raymundo Gleyzer –cineasta desaparecido en 1976 por la última dictadura militar–, en 1966, cuando, con 24 años, viajó con un permiso especial de la reina de Inglaterra (recordemos que el territorio estaba en manos inglesas desde 1833), con el fin de realizar un informe periodístico para el noticiero Telenoche, que hoy se puede ver en YouTube. Se trata de media hora de extrañado y esclarecedor registro de la cotidianeidad de los, por entonces, 2172 isleños: su transcurrir entre la nieve, sus alimentos envasados que llegaban desde el Reino Unido y otro sinfín de coloridos datos.

Películas de la posguerra

Fue después de 1982 –luego de la derrota argentina en la Guerra de Malvinas encarada por la dictadura, en ese momento al mando del General Leopoldo Galtieri, lo que precipitó la caída del gobierno militar–, pero sobre pasado un tiempo desde la vuelta a la democracia en 1983, que los relatos cinematográficos sobre las islas se centraron sobre todo en los soldados: en su gran mayoría jóvenes de entre 18 y 20 años que afrontaron la posibilidad de la muerte en ese remoto espacio de tierra que habían aprendido en la escuela como propio.

Los chicos de la guerra, de 1984, cruza la historia de tres combatientes de distintas clases sociales. Hundan al Belgrano, del 96, es un documental que a base de entrevistas, imágenes del conflicto y revisión de los antecedentes, hace foco en el hundimiento del buque argentino por un submarino nuclear británico, fuera del área de exclusión que ellos mismo habían establecido alrededor de las islas. Más acá en el tiempo, Iluminados por el fuego, de 2005, es una ficción dirigida por Tristán Bauer e inspirada en el libro homónimo del ex combatiente Edgardo Esteban. Muchas otras películas rodadas a lo largo de los últimos 30 años abordan el tema Malvinas en esta clave.

La forma exacta de las islas traza un acercamiento de otra índole -¿solo posible luego del recorrido anterior?-, más ligado a las islas en su dimensión literaria. Esta película cuenta, en parte, la historia personal de Julieta Vitullo, joven investigadora argentina, licenciada en Letras y autora del libro Islas imaginadas. La Guerra de Malvinas en la literatura y el cine argentinos, editado en 2012 como resultado de una tesis en la que trabajó durante varios años y que concluyó con un viaje a las islas, documentado en video y cuyas imágenes forman parte del film.

“Es una película necesaria porque esquiva ciertos lugares comunes que hasta ahora sólo ciertos textos literarios habían logrado evadir: la idea de proponer un enfoque de las islas que no tuviera que ver directamente con la guerra, que no pusiera en primer plano la cuestión de la soberanía y que no representara a los ex combatientes desde un lugar celebratorio ni penoso”, dice Julieta, que focalizó su estudio previo en los textos literarios “que no celebraban ni lamentaban la desastrosa guerra del 82, como sí lo hacían algunas de las películas y muchos de los textos testimoniales o de divulgación, especialmente en las primeras dos décadas posteriores a la guerra, sino que abrían el debate, planteaban otros mundos y miradas posibles”. Dos de esos textos a los que se refiere son Los Pichiciegos, escrito por Rodolfo Fogwill durante la guerra, y Las islas, de Carlos Gamerro, editado en 1998 y de cuyo texto se tomó la frase que da nombre a esta película. “No es verdad que hubo sobrevivientes. En el corazón de cada uno hay dos espacios arrancados y cada mordisco tiene la forma exacta de las islas”.

Islas Malvinas, 2006-2010

El paisaje está nublado, pero la resolana quema y los rostros de los dos ex veteranos de Malvinas, los correntinos Carlos Enriori y Dacio Agretti, están demasiado enrojecidos por el sol, por lo que buscan el consejo femenino para su próxima salida a recorrer las islas. Es este diálogo anecdótico entre Carlos y Julieta uno de los primeros que se escuchan en La forma…; las imágenes, registradas con cierta familiaridad por una cámara doméstica, intentan enfocar, desde una habitación de hotel, los picos Dos hermanas (Two Sisters), escenario de una de las batallas de la guerra.

Islas Malvinas, 2006. Julieta viajó para terminar de escribir su tesis, recorrer la geografía sobre la que tanto ha leído, hablar con los kelpers, comprar libros con historias que no conoce acerca de las islas. Paralelamente, Carlos y Dacio volvían a las islas para explorar y sanar su dolor, y en especial para clavar una cruz en el lugar exacto donde murió uno de sus compañeros. La casualidad o el destino hizo que se cruzaran los tres, que Julieta los descubriera argentinos porque los vio tomando mate. A partir de ese momento, el objetivo de su viaje mutó hacia otra cosa, todavía indefinida: dedicó su semana en las islas (los vuelos hacia Malvinas llegan y parten los sábados) a registrar todos los movimientos de ellos, a discutir sus percepciones, sensaciones y conclusiones sobre el lugar en ese exacto momento, y también lo que recordaban de la guerra.

Fue ese material el que, primero, inspiró esta película, cuando uno de los directores conoció a Julieta estudiando juntos en Estados Unidos. Y es un determinado testimonio de Dacio el que podría resumir este cambio de sentido en la forma de contar Malvinas: “He pensado mil veces la guerra, habiendo militado en las agrupaciones de ex combatientes (…) Y tal vez la única cosa que encontré y no esperaba encontrar es la belleza. Los cerros, que nunca habíamos tenido la oportunidad de ver con sol como ahora, verlos así luminosos es tan, tan bonito… Cuando vuelva seguiré con lo mío pero creo que ya con otro perspectiva, pensando en ayudar a los compañeros para que vengan. Yo creo que hace mucho bien, mucho, mucho bien, encontrarse con todo esto”. 
Capturar esa belleza fue parte del objetivo de los directores, Daniel Casabé y Edgardo Dieleke, durante el segundo viaje de Julieta a Malvinas, en 2010, ya con un objetivo claro: contar su propia historia personal en un película documental que, sin embargo, por momento parece una ficción. Así, el viejo material se completa con bellísimas postales de las islas, con testimonios de ella en primera persona transitándolas por segunda vez, con fragmentos de sus diarios de viaje, con parte de la literatura que había trabajado para su tesis y con circunstancias dolorosas que recién se develan hacia el final de la cinta.

Porque Julieta, de aquel primer viaje a Malvinas, volvió en otro estado que no se ha de contar aquí –porque sería develar el final de la película–, pero vale decir que fue determinante y que le provocó un dolor que no pudo curar solo volviendo. “Yo hice ese segundo viaje y trabajé durante cinco años para saldar algo que tenía pendiente con mi propia historia dolorosa y de alguna manera tratar de sanar”, relata Julieta. “Yo volví a ese lugar como vuelven insistentemente tantos de los personajes ficticios y reales sobre los que yo había leído y escrito. Volví a reparar algo, pero fue poco lo que el lugar en sí me ofreció. No hay un efecto terapéutico en Malvinas, por lindo y calmo que pueda resultar el paisaje”, continúa, marcando un contrapunto con la perspectiva de Dacio, abriendo una vez más otros sentidos: “Volví mil veces a ese lugar en mi imaginación y finalmente, en la realidad, lo único que ayudó a sanar fue el trabajo artístico e intelectual”.

La forma exacta de las islas se puede ver desde el 17 de julio en el Cine Gaumont y durante todos los jueves de julio y agosto en el Malba, a las 21 horas.

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Entrevista con Daniel Casabé y Edgardo Dieleke, directores de La forma exacta de las islas

“Buscamos desarmar las estructuras de narración establecidas, empujar los límites del verosímil y de la verdad”
¿Qué es, particularmente, lo que los inquietaba del abordaje convencional del tema Malvinas que pone el foco en los soldados y en la reivindicación nacionalista?

ED: Nos pareció llamativo y hasta inconcebible que los acercamientos a Malvinas solo se dieran desde la guerra.

DC: Necesitamos repensar el concepto de nacionalismo, sobretodo con este tema. Intentamos tener una perspectiva nueva, incorporando nuevas voces que dicen cosas que no estamos acostumbrados a escuchar o que jamás escuchamos. Hay que abrir el debate, profundizarlo, abordarlo desde varios ángulos, para poder avanzar.

¿Cómo los toca o atraviesa personalmente –o a nivel generación, si quieren– el tema Malvinas? ¿Por qué hacer ustedes una película sobre Malvinas?

DC: Tanto Edgardo como yo no tenemos recuerdos de la guerra. Teníamos sólo dos años y las cosas que podríamos saber son las que estudiamos o las que nos contaron nuestras familias. El material de Julieta nos pareció un registro único, muy valioso, y relacionado con varias ideas que tenemos con respecto a lo que nos gusta intentar hacer en el cine: desarmar estructuras de narración establecidas, empujar los límites del verosímil y de la verdad, y los propios límites del documental y la ficción.

ED: Lo cierto es que para nosotros, el tema Malvinas era lejano intelectual y emocionalmente, sobre todo porque la guerra fue en dictadura y porque no nos interesan los relatos bélicos. Sí, en cambio, nos interesan las personas, las historias humanas o íntimas bajo un gran discurso.

Al tener a Julieta como protagonista, la peli termina siendo una película personal que entrelaza –de forma cuestionable, quizás, para algunos– el dolor particular de ella con el dolor de la guerra. ¿Qué piensan?

DC: No tiene sentido comparar el dolor particular de Julieta con el dolor de la guerra. Si se entrelazan en esta historia es a través de la experiencia y de la representación del dolor, uno de los temas que tratamos de explorar. La película aborda la experiencia de dolor personal de Julieta, que sucedió de esa manera, explorando el dolor ajeno, y es en ese sentido en dónde la película transita: las formas de acercarse y de mostrar el dolor.

ED: No se pueden equiparar, pero sí contraponer, poner en discusión. Yo diría que la película excede Malvinas. El espacio de Malvinas permite ir más allá y abordar, entonces, los modos de lidiar con el dolor.

En relación a la tesis de Julieta, en la peli entra en juego la imaginación, las posibilidades que tiene una isla como espacio metafórico. ¿Por qué y cómo pensar Malvinas de este modo, cuando la guerra es algo tan concreto?

DC: Yo creo que esto está relacionado con mirar Malvinas desde otra óptica. No hay que olvidarse que son islas y, como tales, comparten rasgos de cualquier isla.

ED: La guerra es algo concreto, pero la película no aborda los días de la guerra, sino como esto quedó en los diferentes sujetos involucrados. Así se vuelve también un espacio imaginario o metafórico, porque las islas se vuelven un espacio de recuerdo también. Carlos o Dacio, o los isleños, recuerdan la guerra, entonces lo real y concreto está siempre mediado por los recuerdos, por los traumas, por las experiencias personales que se pueden transmitir parcialmente.