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Un mapa intervenido de voces femeninas

Gonzalo Bustos
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La guitarra rasgando en un riff suave y femenino pegada a la voz de Noelia Mourier marca que estamos ante un disco de pop-rock a tracción a sangre. A diferencia de Se puede, el álbum de 2011 en el que Lucas Martí reunió a quince mujeres y las puso al servicio de la canción pop con toques de electrónica a máquina, en Presión social todo suena más clásico y analógico: hay violas marcando el pulso, baterías transpiradas, teclas diáfanas. Si antes las cosas pasaban por ritmos que flotaban en la experimentación, ahora las responsabilidades parecen caer sobre las cantantes haciendo sobresalir -cuando lo logran- sus cualidades interpretativas. Pero también son ellas las que, en otros tramos, hacen que el disco se vuelva monótono y de la sensación de ser una canción interminable cantada en un tono aniñado pasado de azúcar que repite frases de (des)amor. Es ahí donde aparece la mano de Martí para salvarlas con arreglos y orquestaciones de delicadeza cosmopolita.

Ese comienzo con “Vampira”, cantado por Mourier (que también fue la encargada de abrir Se puede haciendo el tema que daba nombre al disco), sienta los parámetros de lo que vendrá. Entonces no sorprende que lo que sigue sea una pieza como “Sólo un rato”, donde una guitarra fuera de plano arremete para dar paso a unos parches intensos. El track 2, además, viene a mostrar otra de las novedades de Presión social: los dúos. Inaugurados acá por Alelí Cheval y Natalia Cabrera, van hasta el conformado por Loli Molina y Paula Meijide en el cierre con “Presión social”, pasando por otros como los de Nina Polverino con Sofía Vitola o el de la ranchera 4G “Bailemos de nuevo”, que hacen Dani Umpi y Jimena López Chaplin.

Después de la primera combinación de voces llega el turno de Marina Fages con “No me necesita”. Es la artista plástica la primera de varias en comenzar con el tono aniñado, aunque en su caso, sale airosa por el modo en que se mete entre el tejido de cuerdas que la protege. No suele suceder lo mismo en algunas de las piezas que conforman el lado b, diez canciones que salvo por las baladas, no se aseguran un futuro de inmortalidad popular. Diferente podría ser la suerte de composiciones como “Feliz con usted”, donde una Erica García tierna canta -interpreta- con un piano como único sostén; o “Ex modelo”, con una Candelaria Zamer hermosa y sutiles toques pop. Otra que merece especial atención es “La fórmula”, donde Poli Sallustro, casi en un susurro permanente, canta para una noche de soledad sabiendo que siempre hay alguien que “nos lastima, nos tiene y nos domina”.

Con Presión social, como ya lo había hecho con Se puede, Lucas Martí vuelve a reunir a algunas de las mujeres del pop nacional actual más preciosista para dejar un registro -en este caso algo extenso: son 20 canciones- contundente y con una identidad definida que encuadra a las femmes fatales que dan forma de harén a nuestra canción popular.