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La posguerra cultural

Diego Sánchez
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¿Existe el mentado “apagón informativo”? Entre el “fin de la guerra del Estado contra el periodismo” y las bajas de combate, entre las “plazas del pueblo” y la militancia del ajuste, aparecen algunas variables para pensar –otra vez– los medios como correlato de las disputas políticas y económicas. Periodistas jóvenes y especialistas en medios de comunicación discuten qué quedó de la batalla cultural kirchnerista, cómo se diagraman -por ahora- los medios en el macrismo y cómo se puede hacer periodismo -cómo se puede narrar el presente- entre los restos de esta “posguerra mediática”

En abstracto los hechos se apuran a formar una serie. Fin del emblemático 678, rescisión de los contratos periodísticos en Radio Nacional -con shutdown abrupto mediante en Nacional Rock-, despido de Víctor Hugo Morales en radio Continental, empresarios de medios engordados durante años a pauta oficial declarándose repentinamente insolventes, idas y vueltas con la ley de medios… Si el macrismo, como expresó el jefe de gabinete Marcos Peña, vino a traer el fin de la “guerra contra el periodismo”, el escenario de posguerra parece exhibir una paz de los cementerios que, para un sector de los vencidos, vendría a confirmar la existencia insoslayable de un “apagón informativo”. Aún desistiendo de cierta verba inflamada y resistente que adjudica todos los hechos recientes a un acto de censura, algo aparenta ser cierto: si se revisa el escenario actual, salvo algunas excepciones, el mapa de medios parece haber amanecido, tras varios años de “batalla cultural”, reducido a un murmullo inerme y uniforme.

Ahora bien, ¿es eso, en efecto, producto de un “apagón” o existen otras razones que lo explican? A poco menos de dos meses de la asunción del nuevo gobierno -y en medio de una cantidad inagotable de noticias y novedades-, invitamos a diferentes periodistas y especialistas a ensayar una respuesta posible a esta pregunta que sirva también como un ejercicio para pensar, más allá del remanido análisis de medios, cómo hacer periodismo -cómo narrar el presente- en estos meses de posguerra cultural.

“Creo que los lugares para el periodismo crítico del gobierno se redujeron considerablemente”, considera Noelia Barral Grigera, periodista de El Cronista y Radio América, aunque agrega: “suele ser, sin embargo, una situación habitual durante las primeras semanas de una gestión nueva, al menos en el periodismo argentino”. Para la periodista, el “apagón”, menos que una decisión política, parece encarnar una multiplicidad de factores que el tiempo, como suele suceder en estos casos, irá alterando a su paso. “Probablemente hacia mitad de año el panorama se equilibre un poco más. Pero hoy por hoy es cierto que el lector/oyente/espectador que busca una mirada un poco más profunda, que muestre la complejidad y ponga en cuestión las medidas oficiales, sólo la encuentra en lugares muy específicos”.

Iván Schargrodsky, columnista de Duro de Domar y periodista en C5N, dice no saber si llamarle “apagón informativo” a la situación actual aunque considera que es “indisimulable que se achicó la oferta”. “Ciclos con audiencia y que representaban una voz fueron levantados del aire, tanto en radio como en tevé. Algunos de manera lógica por estar en medios públicos –678-, otros no, en medios privados y con una injerencia indisimulable del gobierno nacional, como el caso de La Mañana. No sólo echaron a Víctor Hugo Morales de la radio sino a todo lo que oliera a él. Productores y columnistas, tanto en el programa antes mencionado como en Competencia fueron despedidos. El macrismo ha manifestado una actitud totalizadora en materia de medios privados y ha destratado a los públicos”.

Para Martín Becerra, especialista en medios, investigador del Conicet y profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de Quilmes, la idea de apagón informativo “transmite una mirada absolutamente simplificadora sobre un sistema de relaciones entre Estado, gobierno y empresas privadas que es bastante más compleja, que fue más compleja en el kirchnerismo y sigue siendo compleja ahora y seguirá siéndolo”. Para Becerra, “no es solo una decisión política del vértice del Estado sino que hay mediaciones y en muchos casos también, y esta es mi interpretación del caso Víctor Hugo Morales en parte, hay más papismo que el Papa, como lo hubo también antes, es decir hay más oficialismo del que al gobierno le conviene por parte de empresarios que quieren hacer buena letra para después negociar otras cosas”.

La reestructuración de ciertos medios, que oscilan entre el reacomodamiento editorial y la crisis interna -problemas financieros, sueldos adeudados y empresarios engordados a pauta oficial abandonando a su suerte proyectos que aseguraban poder sostener “al menos un año más”- dibuja también algunos de los límites tanto del mentado “apagón informativo” como del viejo esqueleto comunicacional kirchnerista. “Lo que veo que se apaga es una mirada de la realidad, que hasta el 10 de diciembre estaba sobreexpuesta y ahora quedó muy debilitada, producto de la derrota del kirchnerismo”, apunta Diego Genoud, periodista, entre otros medios, de Crisis y La Política Online, y autor de Massa, la biografía no autorizada. “Por un lado, porque el gobierno macrista desembarca en los medios públicos buscando desmontar lo que había edificado el kirchnerismo y, por otro, porque los empresarios que fueron aliados del kirchnerismo ya comienzan a desertar de las maneras más diversas: sin pagar los sueldos, vendiendo y ofertándose al macrismo para seguir ganando”.

Fernando Rosso, periodista de La Izquierda Diario, cree que existe una “avanzada del nuevo gobierno sobre los medios que respondían al kirchnerismo para favorecer el poder de Clarín y sus satélites”. Eso, en su lectura, desnuda una cuestión: “el fracaso de la llamada “Ley de Medios” que no modificó el poder esencial de las grandes corporaciones mediáticas. Y que se complementa con el hecho de que el kirchnerismo puso en pie, con los medios oficiales y con el manejo de la pauta, un conglomerado de medios extremadamente oficialistas, que prácticamente abandonaron su capacidad de juicio crítico. 678 o la situación en la que entró Página/12 en los últimos años son solo ejemplos de esta realidad. El proceso de vaciamiento del Grupo 23 es otra muestra en el ámbito privado”.

militando el ajusteEn esos reacomodamientos, la decisión del nuevo gobierno de recostarse sobre los medios con mayor audiencia -en particular Clarín y La Nación-, no es solo para Becerra una “alianza natural”, sino también una oportunidad para preguntarse por el destino de los medios públicos durante el macrismo. “No me extrañaría que el lugar de los medios estatales sea percibido como un lugar más estratégico por parte de un sector de la sociedad, sobre todo los que no han votado por Macri. Yo creo que el macrismo no va a necesitar, como sí necesitó el kirchnerismo, algo que para mí hizo pésimamente, usar los medios estatales de una forma tan subordinada. Me parece que el macrismo podría llegar a permitirse -todo hipotéticamente, hay que ver cuál es la programación de Radio Nacional y Canal 7 a partir de febrero o marzo- espacios menos uniformes, dado que ya tiene a su favor todo el accionar de los medios con mayor audiencia”.

Pero en medio de las mutaciones, terminada la “guerra”, ¿en qué estado se encuentra el periodismo político hoy, y por dónde se puede empezar a narrar el presente? “No me parece que el periodismo político esté en una situación muy diferente a la del periodismo en general”, afirma Barral Grigera. “Las miradas interesantes y las producciones más abarcativas existen, tanto en los grandes medios como en lugares más chicos o alternativos, pero son cosas puntuales y hasta esporádicas. La norma parece ser un periodismo menos riguroso, más uniforme y chato”. Sin embargo, señala: “se puede empezar por cualquier lado. No hay recetas. Lo único que hay que hacer es periodismo. Variedad de fuentes independientes entre sí, información que sea valiosa para el lector/oyente/espectador, contextualizada, y que muestre las dos, tres o cuatro campanas que existan en un tema”.

Para Facundo Falduto, editor de Perfil.com, “no puede existir un ‘apagón informativo’ en la era de Internet”. “Lo que sí existe, y se profundizó en el gobierno de Macri, es una concentración mediática. El periodismo hace años que no es un gran negocio: las ventas y la pauta privada (cada vez más escasa, proceso iniciado durante el kirchnerismo) apenas alcanzan para cubrir los costos y sobrevivir. Todos los medios dependen de pauta estatal o paraestatal, o de otro gran negocio (Cablevisión para el Grupo Clarín, el juego para Indalo, etcétera) para tener ganancias”.

En ese contexto, la concentración en manos de Cambiemos de las tres principales fuentes de pauta del país (Nación, Ciudad y Provincia) posibilitó que a pocas semanas de haber asumido ciertos medios se alinearan con los intereses del nuevo gobierno -cuando no existía ya de por sí una rasa afinidad ideológica. La aparición de notas indescifrables que, forzando el chiste, podrían resumirse como “tips para disfrutar las ventajas del ajuste” (y que en Twitter terminarían agrupadas bajo el hashtag #MilitandoElAjuste) o la discusión de temas laterales (el perro Balcarce en el sillón presidencial, el número de desaparecidos) en un contexto de fuertes novedades político-económicas, alimentaron en ciertas mentes la mencionada tesis del “apagón”, cuando no sumaron un hito más a la monumental y eterna antología del Fin del Periodismo. Para Falduto la explicación detrás de esos “temas-globo” no se reduce a un único motivo. “Los medios hegemónicos recogen estos temas por varias razones: alineación con el gobierno, rating fácil, y, sobre todo, los pocos recursos que se necesitan para su cobertura (el periodista es ante todo vago, por eso es periodista). Ese mecanismo, aunque generalizado y perverso, tampoco constituye un acto de censura ni representa un “apagón”. Digamos que el escenario es menos 1984 y Farenheit 451 y más Un Mundo Feliz o Matrix”.

En ese sentido, frente a un momento de quiebre en la profesión periodística que desborda las fronteras locales -nuevo paradigma digital, crisis del modelo de negocios, precarización laboral- y tras la experiencia particular reciente, con la invocación irredenta del “desdedondehablacadauno” y de cara a un “gobierno sin relato”, Falduto sugiere un regreso a los hechos. “Creo que el periodismo político durante el nuevo gobierno debe ser lo más aséptico y neutral posible. Cambiemos rechaza de plano los planteos periodísticos si vienen desde lugares a priori ideologizados (cuando Macri dice que Víctor Hugo es un “fanático”) o politizados. Por ende, el periodismo en esta nueva era debe ser más “puro”, más “neutral”, más “objetivo” a sabiendas de que la objetividad no existe. Buscar los hechos, y redoblar los esfuerzos en chequear. No hace falta buscar bóvedas secretas ni escándalos a revelar. Con contar lo que pasa alcanza y sobra”.

plaza victor hugoPara Genoud el periodismo que llega a este 2016 lo hace aún dividido entre oficialismo y oposición, “aunque con roles invertidos”. Frente al riesgo de la inercia, señala, la respuesta son “los conflictos de la política”. “Creo que un cierto tono descriptivo para plantear un problema muchas veces ayuda más que el editorial puro. Nos hartamos de los editoriales del oficialismo y la oposición. Pienso que lo más importante para narrar hoy es la situación del mercado laboral, el empleo. Es el factor más preocupante que se suma al de los años anteriores, la carrera precios-salarios. No sólo el sector público que afecta sobre todo al kirchnerismo, sino el sector privado. Después, en lo estrictamente político, me interesa el juego de alianzas que despliegue Macri para gobernar con sectores de la política y del poder económico”.

Rosso, por su parte, postula un planteo sobre las prioridades. “A la experiencia de esta derecha que se presentó como “nueva”, pero que está llevando adelante un ajuste todo lo neoliberal clásico que la relación de fuerzas le permite, hay que narrarla allí donde está lo importante: las consecuencias”. Según Rosso, la famosa “grieta” supuso una sobrevaloración de la batalla mediática que llevó a confundir dimensiones y prioridades. Un tiempo de plazas donde Víctor Hugo parece movilizar más solidaridades que Milagro Sala o los despidos. Para el periodista, en ese sentido, “para narrar al macrismo y al nuevo escenario hay que realizar un balance crítico de los últimos años”. “El riesgo -completa- es la sobrevaloración de la “grieta” y dar la “batalla” reducida a la esfera cultural, mientras el macrismo toma resoluciones que afectan para mal la vida real de millones de personas”.

Para Schargrodsky, por su parte, “lo que primero se tiene que sacar de encima un sector del periodismo, tanto oficialista como opositor, es la acusación de “dictadura” a cada esquema político que no los contenga. El macrismo tiene espasmos autoritarios como la detención de Sala, el destrato por el Congreso o su predilección por los decretos, pero no es un gobierno de facto. Después creo que hay que encontrar un fino equilibrio entre expresiones de la política como “los empoderados” que, huérfanos de conducción política y con la necesidad de que alguien los conduzca, están manifestando una oposición muy cerril al gobierno nacional y los que sostienen que “para conocer a un rengo hay que verlo caminar” mientras hay 25 mil despidos en el sector público, al menos 5 mil en el privado, jueces por decreto, represión de la protesta social, vuelta a los organismos multilaterales de crédito con fines no del todo claros y alta inflación en un combo que se completa con una paritaria en el 20 por ciento y suba de tarifas, por citar algunos ejemplos”.

El escenario es nuevo y todo queda aún por verse. Por lo pronto, no se trata tanto del viejo y manoseado “rol de los medios” como de pensar las formas posibles de narrar, en todas sus dimensiones, el presente que nos rodea.