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30 AñOS DE SODA STEREO

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Soviet Stereo

Ni a Palos
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Por Bruno Bauer (@bauerbrun) *

Atravesé toda la década del ´90, años de pauperización y rock duro, escuchando a Soda Stereo en medio del conurbano. A veces sentí temor; a veces, vergüenza. En algún momento renegué de eso y me deshice de los cedés, tardé en entender que Soda formaba parte de mi educación sentimental y política. Los Redondos grabaron Oktubre, una obra maestra, pero el verdadero bolchevismo lo representa Soda Stereo. Lenin intentó aplicar el marxismo en la Rusia feudal, la empresa de Cerati no fue menos temeraria: traer el pop a esa Argentina post Malvinas de guitarras criollas, voces finitas y tonos menores. Ambos tuvieron un predecesor menos afortunado: Nikolai Chernyshevsky (1828-1889) le demostró a Lenin que en Rusia la lucha debía ser política, no sólo socioeconómica. Virus le señaló a Soda Stereo el camino para romper el derrotismo cultural de 1982: la estrategia de la alegría, la danza y la ironía. Al igual que Zeta Bosio y Gustavo Cerati, el letrista de Virus, Roberto Jacoby se había formado en el mundo de la publicidad, esa gran cantera cultural que ya nos había dado a Fogwill. Y si Los Pichiciegos anticipaba el final de la dictadura, Cerati cantaba “el régimen se acabó” desde mediados del ´83.

Lenin compartía un pasado de lucha con narodnikis, eseritas y mencheviques, hasta que marcó distancia con todos ellos. Soda Stereo compartió escenario con Sumo, Patricio Rey y Los Twist, pero debió romper con ese rock clandestino, populista y romántico. En 1902 Lenin estableció el formato de partido vanguardista centralizado para lograr tomar el poder, en 1985 Cerati decía: “La idea es hacer un producto competitivo en materia de sonido, producción y compositivamente”. Un partido a la izquierda de su sociedad, una banda más moderna que su público.

La estrategia de Lenin fue concentrarse en movilizar a la clase obrera y desde allí tejer una alianza con los campesinos rusos. Desde su debut en Pumper Nic, Soda Stereo se asentó como grupo de clase media pero buscó captar a otros sectores para alcanzar la masividad. En 1992 la remera de Soda se vendía en Los Polvorines. La alianza de clases ya era un hecho.

En ese camino, usaron todas las armas de la propaganda: desde las palabras esdrújulas que sostuvieran la prosodia modernista y tecnológica de la época, hasta un tono panfletario de ocasión. Cerati nunca más volvería a cantar “lo que para arriba es excéntrico, para abajo es ridiculez”.

Con la fundación del Komintern, los bolcheviques buscaron expandir el comunismo por toda Europa. Las desparejas suertes de Bela Kun, Karl Liebknecht y Antonio Gramsci son el testimonio de ese intento. Soda Stereo también buscó proyectar su música y su estilo por todo el continente, con agentes ineficaces como Caifanes, Aterciopelados o La Ley.

El final de Lenin en una silla de ruedas es el de Cerati, comatoso en Fleni. Pero es también el fracaso de un proyecto. El racionalismo leninista fue sustituido por pintorescas versiones del guevarismo, como el Subcomandante Marcos. Mientras tanto, la música popular de calidad se pierde entre el rock chabón y los charangos y rapeos de los bastardos de Manu Chao. Improvisados y románticos que no buscan conquistar el poder, ni el mercado.

Todo esto hoy suena lejano, pero no dejemos que el gulag ni la cabellera de Charly Alberti nos hagan olvidar de aquel maravilloso sueño de un mundo mejor.

* Dibujante. Autor de Lenin y vos (Ediciones La Parte Maldita). El libro se consigue en matenalmensajero.tiendanube.com