inicio > Viajero naciendo

RUIDO DE FONDO

  • pablo krantz

Viajero naciendo

Pablo Díaz Marenghi
Agrandar fuente Achicar fuente

Pablo Krantz es un cantor errante que se instaló en Francia cinco años y se impregnó de toda la chanson, unida al post punk que ya traía -lideró El Pesanervios, banda under de los 80. El texto cumple un rol central en sus canciones ya que también es escritor. Su último disco, Vivo en mi cabeza pero con vista al universo (Planetharia), quizás sea uno de los más sinceros. Una puerta abierta al mundo Krantz compuesto por la nocturnidad, la elegancia de la canción francesa, amores truncos, y cócteles en hoteles lujosos. Una road movie en doce partes con Krantz como piloto de tormentas que sortea bares de mala muerte y escenas urbanas.

La figura del viajante aparece de manera permanente. Uno se imagina a Krantz, guitarra al hombro, animándose a seguir adelante a pesar de todo (“El árbol de los sueños”) o lo vislumbra afiebrado por el peor romance adolescente (“Dos niños”). Golpes frenéticos de batería, acordes que estallan, arreglos de piano, swing y una elegancia que recorre toda la obra. Todo esto sumado a una troupe de músicos invitados que son emblemas del rock local: Mariano Manza Esaín, Federico Ghazarossian (Acorazado Potemkin), Juan Ravioli, Flavio Casanova, Santiago Pedroncini (Pequeña Orquesta Reincidentes y Bichos), Germán Cohen (Onda Vaga), Pablo Varela (Martes Menta, Avant Press) y siguen las firmas.

Medio disco habla francés. Una de las perlas en esta lengua es la versión de “Corazón valiente”, compuesta para el film El crítico, bien rockera y al palo. También se incluye un cover de Serge Gainsbourg -”La chanson de Prevert”- y “Scarlett Johan-song”, con letra del escritor Gilles Verdiani: un homenaje susurrado, en formato rock, a la diva de Hollywood. “La penúltima Rolling Stone”, “El bar de la última oportunidad” y “Una fiesta especial en el ritz del amor” son obras en sí mismas que solo Krantz podría componer: tintes de nouvelle vague tragicómicos, divas con aires de superioridad embebidas en whisky barato, historias de amantes furtivos y temerosos de un esposo malvado; mixturas de folk, country, balada y órganos hammond con arreglos minimalistas. Galaxias que unidas componen un mismo universo.

El disco fue grabado durante siete años en ocho diferentes estudios -incluyendo Ion, El Árbol, Panda y el Krantz Homestudio- demostrando cuidado y trabajo a largo plazo. Vale la pena naufragar en las aguas del universo Krantz, perderse en sus certezas e incertidumbres. Diferentes ritmos, géneros y tonalidades que exceden al rock pueblan cada pieza musical. Múltiples instrumentos, arreglos por momentos de vodevil y un cantante que sabe cómo seducir a quien se deje embelesar por sus sentimientos. Un juglar errante que supo pisar el Viejo Continente y traer consigo una tonelada de historias para contar. Un viajero que aún está naciendo y no se queda quieto; avanza dispuesto a seguir experimentando a través de la palabra y la canción.