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LA MALA LECHE

  • neil young

Una estrella del rock se rebela contra una cafetería

Martín Rodríguez
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En todos lados se cuecen habas y artistas militantes. Es el caso de Neil Young, este viejo canadiense-americano por adopción, que encarna el tipo ideal del viejo jipi que combina rabia musical y monotonía ideológica, sacó un disco insoportablemente vivo: The Monsanto Years. Un álbum-manifiesto de “política ecologista” con nueve canciones lánguidas, crudas, infantiles por momentos y directas todo el tiempo que ocupan cincuenta minutos de aire en torno a la empresa “maldita”, la famosa Monsanto, una corporación que es la pesadilla del ambientalismo, el campesinado y el neorruralismo blanco que huye de la ciudad y de su clase. Neil Young sigue la racha de un disco teledirigido por década: en 2006 apuntó sus cañones a la figura del presidente Bush con su Living with war (Viviendo con Guerra) porque, según él, el rock no se había manifestado al respecto. Y esta vez, la víctima es la Corporación de las semillas, los pesticidas y la tecnología genética. Toda la ingenuidad manifiesta debe ser entendida en tiempo y espacio: en Estados Unidos, un país donde hablar de política con desconocidos “queda mal”, donde los lobbys están regulados y transparentados, que vive de guerra en guerra, ser León Gieco no es tan gratis, ni se enlaza solo al dominio evangélico de la “memoria” y los “excluidos”, es un pacifista en el Imperio, que no es lo mismo que serlo en un país periférico sin ejército. Neil Young se consagra a hacer de vencido en el país de los vencedores.

Pero Young no es un hombre coherente, es un hombre obstinado, un jipi neurótico que arrastra malentendidos políticos (uno letal sobre su supuesto apoyo a Ronald Reagan, perfectamente aclarado en su reciente autobiografía, La vida de un hippie) y que cultiva una extraña afición melancólica: su defensa del medio ambiente y de los viejos modos de producción (es un coleccionista de autos antiguos). De hecho su “autobiografía” no es más que un mapa de la mente en la que se expone ingenuo y principista, como un millonario nostálgico del siglo 20, obsesionado con las causas que hagan del consumo una mejor vida. Una de sus utopías: la pureza sonora de su “Pure tone” contra el mp3 y sus derivados destructivos.

La quinta canción del disco es la cadenciosa “A rock star bucks a coffee shop” (Una estrella del rock se rebela contra una cafetería) y Young mete todo ahí. Monsanto lamentó públicamente que sus letras contengan “errores”. Y sobre llovido, tuvo este año una polémica con Donald Trump por la utilización que hizo el precandidato republicano de la canción “Rockin’ In The Free World” durante su campaña. Tras un comunicado y el inicio de acciones, dejó de usarla y en medio del entredicho se aclaró que Neil Young apoya a Bernie Sanders, un precandidato demócrata admirador de las socialdemocracias escandinavas. En Estados Unidos hay una izquierda micropolítica, una izquierda de “temas”, que elige enfrentar corporaciones en virtud de una sensibilidad basada más en el bienestar de la vida cotidiana, que en las raíces estructurales de un “sistema” injusto. En la bellísima página “En la playa de Neil” se pueden leer muchas canciones traducidas. Acá va, justamente, la que da título a esta columna. ¿Qué fue la generación Woodstock? La camada de jóvenes blancos del mundo occidental nacida y criada entre Hiroshima, Auschwitz y Vietnam con un cartel que decía: “no somos culpables de nada y mi cuerpo es mío”. Leemos:

Una estrella del rock se rebela contra una cafetería

Si no te gusta “Una estrella del rock

se rebela contra una cafetería”

mejor cambia de estación

porque no es la única.

 

Quiero una taza de café

pero no quiero un OMG (*).

Quiero empezar mi jornada

sin financiar a Monsanto.

 

Monnnnnn-sannnnnn-toooooooo

deja que nuestros agricultores siembren

lo que quieran cultivar.

 

Si el control corporativo

se hace cargo del cultivo de América

con los políticos fascistas y las gigantes químicas

caminando cogidos del brazo

desde los campos de Nebraska

hasta las márgenes del río Ohio

los agricultores no serán libres para sembrar

lo que quieran cultivar.

 

Monnnnnn-sannnnnn-toooooooo

deja que nuestros agricultores siembren

lo que quieran cultivar.

 

Cuando la gente de Vermont

votó etiquetar los alimentos transgénicos

para así poder saber

lo que había tras lo que se cultivaba

Monsanto y Starbucks a través de

la Asociación de Fabricantes de Comestibles

demandaron al estado de Vermont

para así anular la voluntad del pueblo.

 

Monnnn-sannnn-toooooo (y Starbucks)

las madres quieren saber

qué le están dando de comer a sus hijos.

 

* GMO: Organismo modificado genéticamente. Transgénico.