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Lo que pasó y lo que viene

Ni a Palos
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Las vacaciones siempre son una buena excusa para ponerse al día con aquellos libros, películas, series y discos que dejamos en stand by durante el año. O simplemente una excusa más, como cualquier otro mes, para leer, mirar y escuchar aquello que da vueltas por el mundo de la cultura. Y es el verano, también, el inicio de un año que siempre promete novedades. Por todo eso ofrecemos un listado -incompleto- de lo que pasó y lo que viene: aquellos libros, discos, películas, series u obras de teatro que no podemos obviar durante las vacaciones, y aquellos que prometen llamar la atención durante los primeros meses de este incipiente 2016.

Zurita 1Música: de Nacho Vegas a Super 1 Mundial

Por Marcos Zurita | @lunesfelices2

Un disco para escuchar ahora. Nacho Vegas acaba de sacar un EP al que le puso Canciones Populistas. Son cinco canciones de protesta que vienen a continuar lo profundizado en Resituación y en el proyecto colectivo Fundación Robo, que quedó como “la banda de sonido del 15M” pese a ellos mismos.

Es intrigante el género canción (de) protesta. Y mucho más en la actualidad. ¿Cómo enviar un mensaje sin que se licúe en cuanto sale del parlante? ¿Cómo pensar la música como una herramienta de lucha después de tantos años de lugares comunes y un camino lleno de artistas que con el paso del tiempo sólo han mantenido un fuerte compromiso hacia la contradicción?

Se podrían plantear algunas hipótesis, pero por un tema de espacio, se subrayarán dos (hay más) maneras acercarse al género: 1) desde la búsqueda de la identificación militante, donde no importa mucho cómo se diga el mensaje sino que se diga lo que se quiere escuchar y 2) hacerlo como a cualquier otro gesto artístico. Claro que, como dice Zizek, la ideología es una matriz que articula actores visibles e invisibles y no es lo mismo escuchar una canción cargada de mensajes afines que de otros opuestos. Por ponerlo en nombres, Nacho Vegas acá hace una reversión de “Love me, I’m a liberal” (Phil Ochs, 1966) que comienza con un párrafo interesante: “Recuerdo aquellos noventa / todo empezaba a ir bien mi trabajo aunque precario / era al fin y al cabo trabajo también / y yo que votaba a Felipe, creí en el milagro de Aznar / amigos míos ámenme, soy un liberal”. ¿Por qué es interesante? Porque el sarcasmo está puesto en un sujeto complejo, alguien que de joven “iba de manifestación” pero que “hoy gracias al libre mercado me he convertido en libre pensador”. Es la protesta sobre el oyente de canción protesta de antes. No escapa al modelo de “nosotros contra ellos”, pero “nosotros” y “ellos” ya no son categorías absolutas. En otro extremo están las bandas de derecha como Campo de Mayo a la que Thurston Moore citó alguna vez en una clásica patinada de gringo hipster.

Canciones Populistas cae en un momento óptimo para que los mensajes resuenen por sobre la sensación de inocencia política que, inevitablemente, viene con el género.

Un disco para escuchar mañana. Cuando las aguas creativas del tsunami Laptra se aquieten (y se están aquietando, lamentablemente) Go Neko va a sobrevivir como la banda diferente. No hay en el país una tradición de bandas instrumentales, con apelaciones vocales de samples y efectos, que mantengan una organicidad vital por fuera de la muerte progresiva, del fascismo tonto del que “pela”. Después de dos discos y un EP, Go Neko decidió separarse y eso hoy, en la era de cuidar el kiosco, es un gesto artístico valiosísimo. Pipe, Tom y Manu quedaron reagrupados como Super 1 Mundial y tiraron tres temas en su bandcamp hace mas de un año, incluido el cover de “My face”, un temazo de Henry Badowski. La novedad es la voz, emparentada literalmente con Bestia Bebé, solo que acá el barrio es el espacio. En estos días están grabando el disco que saldrá en el 2016 y dan ganas de escucharlo.

it followsCine: entre Mitchell y Tarantino

Por Luciana Calcagno | @lulaazul

Para ver. Si en algo podemos estar todos de acuerdo es que el 2015 fue un año intenso. El cine no fue la excepción, y se despachó con un récord: vendió más de 50 millones de entradas, número que no alcanzaba desde 1986. Y si bien pasó lo de siempre (los tanques se llevaron la mayor recaudación y muchísimos estrenos argentinos e independientes pasaron sin pena ni gloria) se estrenaron muy buenas películas.

Hay una perlita que tal vez haya pasado desapercibida entre tanta oferta -no le fue demasiado bien en la taquilla- y que recomiendo busquen y vean como puedan (está en Netflix): se llama It Follows (“Te sigue”) y fue la película de terror del año. Tuvo su paso por la trasnoche del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y del BAFICI, como es debido, y los que pudimos verla en esas ocasiones quedamos fascinados.

Es que It Follows es esa mezcla perfecta entre película de género y película indie que es difícil que salga bien. David Robert Mitchell (director de la ya muy independiente pero no tan de género The Myth of the American Sleepover) presenta acá una historia tan simple como aterradora: después de tener sexo en una cita, una adolescente comienza a ser perseguida por una presencia mortal. Pronto descubre que la única manera de que dejen de seguirla es acostarse con otras personas para pasarles la maldición. El eje de la película –y tal vez su mayor acierto– es que no hay ni golpes de efecto, ni monstruos amenazantes: es toda una larga sucesión de climas y da la sensación de que el mal acecha –aunque no siempre se lo vea– en cada escena, en cada plano. Con bastante poco Mitchell logra dejarnos perturbados hasta días después de ver It Follows.

Para esperar. Pero si el 2015 cinematográfico fue bueno, el 2016 parece que será mejor. Ya están anunciados los estrenos de películas como Hail César! (Joel y Ethan Coen), Why Don’t you Play in Hell (Sion Sono), Zoolander 2 (Ben Stiller), Silence (Martin Scorsese) y Los 8 más odiados (Quentin Tarantino).

Para los fanáticos de Tarantino los años se dividen entre los que Tarantino estrena una película y los otros. A pesar de que Django sin cadenas fue una decepción, Bastardos sin gloria es una obra maestra, al igual que el resto de su filmografía. En eso se sostiene la esperanza para esta nueva película, filmada en 70 mm, con 187 minutos de duración (y 12 de intermedio) o 167 minutos en su versión digital, música de Ennio Morricone y actuación de algunos amigos de la casa como Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Michael Madsen y Tim Roth.

Si bien es un western (al igual que Django), esta vez la historia está más concentrada: narra el encuentro de ocho personajes indeseables en un refugio de montaña durante una brutal tormenta de nieve. Lo que en manos de un director medio podría correr el riesgo de ser teatro filmado tiene potencia cinematográfica cuando detrás está un maestro de la narración como Tarantino. Según las críticas lo más fuerte está puesto en los diálogos y los actores, y algunos ya la comparan con Perros de la calle. La buena noticia: hay que esperar poco, el estreno en nuestro país está anunciado para el 14 de enero.

timTeatro: Cacace vuelve, Tarrío llega

Por Natalia Laube | @hiloglorieta

Lo que pasó y vuelve. 2015 fue sin dudas intenso para Guillermo Cacace. Su obra Mi hijo sólo camina un poco más lento se consolidó como el gran suceso teatral del año y logró disolver, con su humanismo contundente y una mirada descarnada sobre la institución familia, la desconfianza que podría haber generado a los espectadores infrecuentes de teatro la combinación de un origen exótico (el texto pertenece a un dramaturgo croata), un emplazamiento geográfico inhabitual (una pequeña sala en el barrio de Congreso, no contenida por el polo Abasto) y el horario de sus funciones (sábados por la tarde y domingos por la mañana). Mi hijo sólo camina… les llegó muy hondo y por igual a los que están acostumbrados a ver teatro y a los que no: el que haya salido de verla libre de lagrimones, que tire la primera piedra. Pero también fue un año difícil para el director: Apacheta, la sala que abrió hace más de diez años y en la que montó la mayoría de sus obras de aquel tiempo a esta parte, estuvo a punto de venderse a una empresa china que iba a usarla para guardar containers pero que finalmente desistió de la compra porque el espacio quedaba un poco chico para sus propósitos. Ahora, pasado el susto -e hipoteca de su casa, venta del departamento de una potencial socia y charla con todas las nuevas autoridades de los Ministerios de Cultura de Ciudad y Nación mediante-, Cacace comienza a darle forma a la posibilidad de comprar el espacio que, aunque las escrituras digan lo contrario, ya le pertenece hace rato. Pase lo que pase, Mi hijo sólo camina un poco más lento vuelve en marzo y no hay que perdérsela. Si todo sale bien, el reestreno será en Apacheta.

Lo que viene. En el terreno de lo estrenos 2016, unas fichas a Esplendor, la nueva obra de Gustavo Tarrío. Será a fines de febrero en el Teatro del Abasto. Para su nueva puesta, Tarrío congregó a un dream team del off: Eddy García (revelación en Todo piola, maravilloso trabajo anterior del director), Valeria Lois (a quien muchos conocerán por La mujer puerca), Moro Anghileri y Patricio Aramburu (que también vuelve, hacia principios de marzo, con la conmovedora Prueba y error en Timbre 4). El ensayo general para público que hicieron a fines del año pasado promete.

Por último, y en un año en el que ya puede olerse agite en el campo de la cultura, otros proyectos que vale la pena bancar y seguir de cerca serán los que emprendan el Foro Danza en Acción y el grupo TIM (Teatro Independiente Monotributista), que durante 2015, en el marco del ciclo Mis documentos curado por Lola Arias, organizaron la performance Informe SM, donde denunciaron el vaciamiento del Complejo Teatral de Buenos Aires por parte de la gestión del PRO, que por entonces no había llegado aún a la Presidencia. A fin de año el colectivo volvió a la carga con Feliz año CTBA en el mismo día y horario en que iba a hacerse la conferencia de prensa que anunciaría las actividades del Complejo para este año. La conferencia fue cancelada, pero las puertas del San Martín se llenaron igual de artistas y periodistas que pegaron cientos de post-it con sus deseos para 2016 en toda las puertas del teatro: desde “Papel higiénico en los baños” a “Que sea el espacio de investigación y creación que todos queremos”, se pidió de todo.

show me a heroSeries: el Rey Simon y los Estados Unidos de Stephen King

Por Mariano Canal | @buensalvaje

Lo que hay que ver. Show Me a Hero, lo último de David Simon (The Wire, Treme) es el exacto reverso de la fantasiosa, inverosímil y, por cierto, mucho más exitosa House of Cards. Entretelones de la política norteamericana, sí, pero a escala municipal y con el foco puesto en una historia real que va siguiendo a lo largo de seis capítulos el ascenso y la caída de un político ambicioso y cómo sus decisiones al mismo tiempo que determinan su ruina profesional y personal también modifican -para bien- la suerte de una comunidad. El protagonista es Nick Wasicsko (en una interpretación inolvidable de Oscar Isaac), elegido como el alcalde más joven de Estados Unidos para gobernar Yonkers, una ciudad gris de las afueras de Nueva York. Todo parece prometedor para el futuro político de Wasicsko en el primer capitulo, pero como siempre en las series de Simon, la tragedia de las instituciones que se llevan puesto a sus personajes está al acecho. En este caso, la ciudad está obligada a cumplir con un fallo judicial que le ordena construir viviendas para los habitantes (negros y latinos) de un barrio de monoblocks en zonas de clase media blanca. Ningún político quiere cumplir la sentencia, presionados por sus bases electorales, hasta que la ruleta de la política pone a Wasicsko ante el dilema de cumplir y traicionar a sus votantes o llevar a la ciudad a la quiebra judicial. Es una historia sobre las consecuencias de la decisión política, sobre la responsabilidad, sobre cómo el sistema puede al mismo tiempo producir políticas públicas justas y castigar a quienes las llevan a cabo. Y también, como en todo Simon, es una elegía triste a los funcionarios públicos anónimos, a los comprometidos con su comunidad, a las vidas comunes que se las arreglan para sobrevivir bajo fuerzas que los exceden.

Lo que viene. Para febrero de 2016 se anuncia en la televisión norteamericana el estreno de 11/22/63, ocho capítulos que llevan a la pantalla el libro del mismo nombre de Stephen King. La fecha del título es la del asesinato en Dallas, Texas de J. F. Kennedy y, porque hablamos de King y no de Oliver Stone, la historia tiene que ver con viajes en el tiempo, con portales que comunican dimensiones temporales y con los riesgos que implica cruzarlos e intentar modificar la historia. Los datos hasta el momento no son muchos, salvo que en la producción están J.J. Abrams (el niño mimado de la televisión –Lost– y del cine –Star Wars– por estas épocas) y el propio King, alguien particularmente exigente cuando sus libros se llevan al cine o a la televisión. Como protagonista se anuncia a James Franco, otro personaje que en los últimos años estuvo por todos lados. La pregunta obvia es si será un fiasco o le hará justicia al libro, uno de los mejores de los últimos años de King, una novela larga y llena de vueltas espacio temporales que retrata dos épocas alejadas y opuestas de un mismo país: los últimos 50 y los primeros 60 con sus ingenuidades, sus creencias puritanas, su fe en el progreso y su deriva lenta hacia la locura representada por el asesinato de JFK; y nuestros años en el otro extremo, nuestra época hija de esa locura ya desplegada, sin competencia.

gandolfoLiteratura: la ruta entre Muslip y Gandolfo

Por Matias Raia | @golosinacanibal

Para el verano. En estos días de calor agobiante, la cabeza del lector agradece libros veloces, amables, livianos. No importa qué lugar nos deparen las vacaciones, sea playa, montaña o celda de cuatro paredes, esa osada idea de leer alguno de los monstruos publicados en estos últimos años o alguno más remotamente antiguo suele derretirse a causa de los 35° de sol argentino. Por eso, prefiero recomendar una novela breve, placentera y viajera, escrita por el autor argentino Eduardo Muslip: Avión (Blatt & Ríos, 2015). Un muchacho argentino vuelve de Los Ángeles a Buenos Aires y el relato en primera persona transcurre durante ese viaje en avión, una unidad temporal limitada e intensa. Así resumido Avión podría carecer de interés; sin embargo, la novela se enriquece en el registro que el muchacho realiza de cada uno de los pasajeros. Entre ese minucioso registro, que va desde una familia de plástico hasta un colorado viril, el protagonista se evade de la espera que todo tránsito implica y vuelve a su pasado infantil-adolescente en un edificio porteño. En ese punto, la novela de Muslip retoma un tono a lo Manuel Puig y trabaja sobre los chismes y las relaciones entre vecinos de ese edificio. El relato va y viene del presente paralizado del viaje al pasado chismoso del barrio y se centra particularmente en el tema predilecto del chisme: el sexo. ¿Qué mejor lectura para el verano que una novela ligera, bien escrita, centrada en los rumores y los ratoneos del cuerpo? Avión es un libro hermoso para leer a sol y, suerte mediante, a sombra.

Para tener en cuenta. En este año que se fue, hemos podido celebrar algunas reediciones de literatura argentina realmente notables. Desde El caos, de J. R. Wilcock (La bestia equilátera), hasta la antología Un poderoso camión de guerra, de Bernardo Kordon (Blatt & Ríos), pasando por Las varonesas, de Carlos Catania (Las cuarenta), algunas editoriales argentinas han puesto un objetivo claro en revolver los anaqueles polvorientos del pasado literario para traer nuevamente a los lectores pequeñas joyas ocultas u olvidadas. Me cuentan que en 2016 la editorial cordobesa Caballo Negro, de catálogo genial y preciso, recopilará los cuentos completos de Elvio Gandolfo. Para aquellos que no pudieron disfrutar aún de un libro como La reina de las nieves o de cuentos como “Llano del sol”, “Vivir en la salina” o “Caminando alrededor”, la publicación de todos los relatos de Gandolfo es una novedad para aplaudir de pie. Al menos dos o tres aspectos pueden valorarse de la narrativa breve de este autor: su exploración de géneros populares como el policial negro, la ciencia ficción y el terror; el estilo que recupera tonos del lenguaje coloquial; la estructura equilibrada de la mayoría de sus relatos. En definitiva, los cuentos completos de Elvio Gandolfo podrían ser la gran noticia del 2016 en el marco de este movimiento editorial que cuestiona la tradición literaria a través de una arqueología del pasado.

revolutivaMúsica: Revolutiva vuelve

Por Juan Manuel Strassburger | @lowfirocker

Regresos. En este 2015 en el que -entre otras cosas- se vio derrotado un “relato” que llegó a no permitirse pronunciar el nombre de quien debía garantizar la continuidad del “proyecto” y “defendernos” (y desde la Biblia se sabe que omitir a quien se alude constituye el máximo desprecio), se me ocurren muchos discos para recomendar porque el rock de las calles, los corazones y los antros perdidos siempre permanecerá vital pase lo que pase y apene quien le apene. En principio, los ineludibles: los nuevos discos de Sr Tomate, Los Espíritus, Shaman, Mi Amigo Invencible, El Mató, Los Pels, José Miel, Valle de Muñecas, Bestia Bebé, Olfa Meocorde, Hojas Secas, Fantasmagoria, Valentín y los Volcanes, Mujercitas Terror, el gran Prietto y etcétera. Sí, son muchos, la lista es larga pero se tratan, todos, de álbumes imperdibles, que se consiguen fácil en la web. Bandas que desde hace años vienen dándonos lo mejor de ese universo musical que enhebraron con paciencia y talento. Y que plasman en canciones que en algunos casos nos identifican y/o llenan de misterio; algo para decirnos y algo, tal vez, que no terminamos de descubrir (y parecido podemos decir de “nóveles” como Las Edades, Las Armas BsAs, Agrupación Musical Ayrton Senna, Gualicho Turbio o incluso López, que proviene de los ya extintos y geniales Futre; todas con discos debuts muy buenos). Ahora bien. Estamos en una especie de año bisagra (¿otro más?). Y en ese caso me es imposible dejar de celebrar el regreso, por un recital, de Revolutiva, la mejor banda de rock sureño del mundo. Un grupo que los periodistas de rock cargamos con cierta vergüenza porque no supimos hacerles una mísera nota cuando en 2008 sacaron El libro rojo, su obra maestra. Un verdadero long-play imposible de interrumpir una vez que empieza a correr su swing que deja reluciente los pisos (o ese country blues que acompaña con su guitarra slide las penas en un bar equis de Constitución). Todo eso que es tan del Norte (porque los yanquis cuando saben, saben) y que los Revolutiva saben apropiarse con la peculiaridad de unas letras objetivamente clasistas (sin panfleto) que le dan una vuelta inaudita (nunca escuchada) al asunto. Así, con la dicción de una especie de Paul Newman reacio a las mariconadas (y oriundo de ¡Lincoln!, provincia de Buenos Aires), te cuentan de la odisea de los espaldas mojadas al sur del Río Bravo, o de las huelgas en El Alto de Bolivia, o de las intifadas en Palestina, o de las contramarchas del sindicato (¿Hola, Caló? ¡Teléfono!) que “te quiere manso”, y así. Sin duda, los cinco Revolutiva son excelentes: la base rítmica de Cochi Conde y Román, la armónica suburbana de Ángel, los punteos de Cirilo… Pero hay algo en la voz (más guitarra) de El Flaco, la cara principal, el Paul Newman en cuestión, que termina de hacerlos especiales. Juro, y eso que llevo más de un par décadas escuchando rock nacional (el de ayer, el de hoy y el de antes de ayer), que no hay nadie por estas tierras capaz de cantar estos géneros yanquis con tanta naturalidad y gracia como el lungo gringo de esta banda maravillosa. Quizás Ricardo Soulé, de Vox Dei, se le acerque un poco. Pero lo del Flaco es tan natural (su timbre de voz es tan perfecto) que lleva a pensar que es un misterio de la genética o una trampa de Dios (si no fuera porque él seguramente sea ateo). Este año, cuando volvieron en un pequeño local de Boedo y los veía disfrutar cual Creedence Clearwater Revival reencarnados, me repetía: esto es verdad y ocurre acá. ¿Cómo podemos hacer para que no vuelvan a desistir? Obviamente depende de ellos. Pero escucharlos y conocerlos más, seguramente ayude. Aquí entonces mi recomendación. Y mi deseo: sigan, muchachos, toquen. No dejen de existir. Y así, tal vez, el 2016 nos encuentre unidos bajo la escucha del sucesor de El libro rojo, que sé que mantienen en gateras desde hace años, y que promete ser tan bueno como el anterior. Ojalá.

Halfon 1Teatro: Mariana Obersztern y Agostina Luz López

Por Mercedes Halfon | @hebilladepasto

Lo que vuelve. Inspiratio. Es una obra dirigida por la más excéntrica referente de nuestra escena alternativa: Mariana Obersztern. Tres actores la llamaron para que “los mire” en un trabajo que ellos habían empezado a ensayar por su cuenta. Ellos son tres verdaderos dioses de las tablas: Julieta Vallina, Agustín Rittano y Leticia Mazur. El resultado de las preocupaciones e improvisaciones de los intérpretes, más la dirección flotante y aguda de Mariana, es un trabajo de una originalidad y una belleza pocas veces vista. Una suerte de deriva poética e hilarante sobre la sustancia inaprensible del actor. Obersztern viene de dirigir Si el destino viene a mí, donde también aparecían los dobleces entre actores y personajes, y la duda sobre en cuál de estos lugares se asienta la verdad. Inspiratio hizo unas pocas funciones en 2015, pero prometieron volver en 2016. Esperamos que cumplan su inspiradora promesa.

Lo que viene. Los milagros. Agostina Luz López es una muy joven dramaturga y directora teatral. Dirigió la bella y sutil La laguna en 2012. Este es su nuevo trabajo y tenemos fe en que se las trae. Las actrices son Martina Juncadella, Carla Fonseca, Ernestina Ruggero y Laila Maltz. La obra se centra en Martina, una chica que está terminando la adolescencia y cree que “empieza el futuro”. Relata historias donde habla sobre su familia, su madre y su abuela, esa red de herencia maternal, de sangre italiana en donde ella está envuelta. Su madre y su abuela son como actrices de sus relatos, en donde Martina reflexiona sobre cómo la vida familiar se convierte en una ficción, como esas historias que todas las mujeres de su familia cuentan se dramatizan y se exageran. Estas tres mujeres, la joven, la madre y la abuela tienen pasión por escenificar, por hacer de cada hecho cotidiano, una tragedia. ¿Cuál es el límite de su realidad y cuándo empieza su capacidad de generar novelas? Aparece un cuarto personaje, una amiga de la chica, que viene a hablarle de todo ese futuro que teme y a meterse como una extranjera en esa familia.

3 corazonesCine: 3 corazones y Rabo de peixe

Por Hacerse la crítica | @hacerselacrtica

Para ver y volver a ver. Si cuando te preguntan por la mejor película estrenada en 2015 y la más esperada –y también potencialmente mejor- de 2016 uno dice Mad Max: Furia en el camino y Los 8 más odiados (a la que sería mejor llamar “Los 8 desgraciados”), la respuesta es tan obvia como la evidencia de que el aparato estadounidense industrial, ya globalizado como estructura de producción, sigue teniendo vigencia. Es, en el fondo, una cuestión de poder, pero también de qué se hace con él, como nos recuerdan las películas de superhéroes cada vez más malas, dentro de las instituciones que lo monopolizan y administran. George Miller celebró una fiesta mientras que Tarantino, heredando al John Carpenter de La cosa (antítesis de Spielberg), juega una partida de ajedrez con la democracia neoliberal como la que el caballero de El séptimo sello jugaba con la muerte. Pero en los arrabales de la gran institución cinematográfica del entretenimiento, cuando no fuera de ella, también hay vida, no necesariamente viciada del escepticismo lúcido de quienes filman desde el lado oscuro de la Fuerza (único lado apetecible, por no decir aceptable, del entretenimiento imperial). El año pasado el mejor clasicismo -el arte de narrar virtuosamente, de involucrarnos con personajes y situaciones a escala humana- no estuvo representado por películas como Misión imposible: Nación secreta, ni siquiera por Puente de espías ni por cualquier otra estadounidense, sino por 3 corazones (u otra de origen europeo como Mr. Turner, de Mike Leigh), cuya estructura simbólica, continuidad, actuaciones y puesta en escena está a la altura del mejor cine filmado desde los 30 hasta los 50, sin desentonar con los ritmos narrativos que durante los 60 y 70 directores franceses paralelos a la Nouvelle Vague como Claude Sautet -y posteriores a ella como André Téchiné- adaptaron al presente contemporáneo de cada uno. Esta vez Benoît Jacquot ha hecho lo propio con un triángulo amoroso relatado como melodrama, vale decir tragedia, veloz en la que cristianismo y paganismo -entre otras fuerzas- se siguen disputando el mundo subterráneamente y cuyo más que improbable héroe es un empleado de la AFIP francesa. Otra isla perdida en el archipiélago de estrenos dominado por los pesados continentes de siempre fue Rabo de peixe -proyectada en el Malba y que, esperamos, tenga estreno comercial este año- que es literalmente una isla de las Azores. Joaquim Pinto y Bruno Lionel, sus directores, casi no aparecen en cámara, pero lo que miran y cuentan nos transportan. El mar y los que trabajan artesanalmente en él son sus grandes protagonistas. Pinto y Leonel pescaron imágenes que luego pusieron en relación a través del montaje, cuidando de respetar el ecosistema simbólico original de pertenencia sin tampoco privarse de usarlas como materiales de la memoria y del imaginario. Rabo de peixe es un relato que no suelta nunca al espectador, lleno de pequeñas intrigas atractivas de toda índole que no tienen necesidad de cerrarse, y también uno en el que el mundo viviente se manifiesta majestuosamente porque sí.

franzenLiteratura: de Franzen a DeLillo

Por Diego Sánchez | @diegoese

Lo que pasó. Recomendar un libro para leer no implica necesariamente recomendar el mejor libro del año. En Pureza (Salamandra), Jonathan Franzen se confirma como un jugador consagrado que vuelve a exhibir su talento aunque en algunas páginas se escuche el crujido de las articulaciones y el ímpetu balzaciano derive en una sátira que podría tener más predisposición al humor. Pero Franzen, que insiste con la “Gran Novela Americana”, con la Gran Novela Americana asociada a la voluptuosidad de los grandes bodoques, hace algo que en la época de la alt lit, el reviente y la anemia narrativa se recibe con la ansiedad expectante con que se captura una señal extraterrestre: un recorte detallista del presente que, cruzado con el proverbial fastidio de su autor -conocido por pelearse tanto con Oprah Winfrey como con las redes sociales o la paternidad- termina produciendo una novela donde los cañones de la elocuencia apuntan contra las dos grandes promesas de emancipación contemporáneas: el feminismo e internet. Madres disfuncionales, chicas alfa, seudos WikiLeaks dirigidos por egomaníacos disidentes de la Alemana comunista, insoportables “matrimonios feministas”, odas al periodismo tradicional y palos a la ética hacker conforman una historia donde lo mejor es lo que suele ser lo mejor de la franquicia Franzen: las relaciones de pareja, la familia, los padres distantes y las madres omnipresentes como residuos de una identidad que por momentos parece una condena. Si no te cortaron el aire acondicionado y sos de los que aprovechan las vacaciones para los bodoques, Franzen y sus 700 páginas te esperan.

Lo que está por venir. La ironía quiso que el anuncio de la nueva novela de Don DeLillo llegara a la Argentina veinticuatro horas después del ballotage presidencial que cerró doce años de kirchnerismo. Zero K se titula el regreso del autor de Ruido de fondo a las librerías y su salida en Estados Unidos está programada para mayo de este año que acaba de comenzar. Si Franzen es la versión obcecada y detallista del sueño cada vez más vintage de la Gran Novela Americana, DeLillo es su su último gran prócer, un artesano que llevó ese anhelo a sus unidades mínimas: la vida norteamericana entendida como una sucesión de fotogramas significativos, capaces de capturar una época. Seis años después de Punto Omega, su anterior novela, donde el punctum era la Guerra de Irak -trasfondo también de dos libros muy dispares entre sí publicados en 2015 en Argentina, a saber, La guerra humana (Dakota), de Noah Cicero, y Gracias por la compañía (Seix Barral), de Lorrie Moore-, Zero K sigue el derrotero del multimillonario Ross Lockhart y su fe en un proyecto científico secreto que ayude a su joven esposa, Artis Martineau, a “vencer a la muerte”. En el cotorreo publicitario previo, se lo escuchó a Harold Bloom describirla como un punto culmine en la obra de DeLillo, un autor del que siempre es una buena noticia oír novedades y del que esperamos ver una traducción antes de fin de año.

aliCine: Alí frente a Rocky

Por David Fernández | @eldeibik

Piñas van, piñas vienen. El boxeo es el deporte más cinematográfico de todos. Desde Toro Salvaje (1980), con la dupla Scorsese & De Niro en su época dorada, hasta Gatica, el mono (1993), el regreso triunfal de Leonardo Favio, es difícil encontrar un film sobre boxeo que pase inadvertido. Por este motivo, la recomendación veraniega serán dos películas protagonizadas por superhéroes del ring.

Facing Ali (2009) es un documental -disponible en Netflix- que reúne las voces de los rivales más importantes que tuvo Ali. “No puede hablar por sí mismo, pero nosotros podemos hablar por él”, dice Ron Lye, uno de sus contrincantes, en una frase que sintetiza la esencia del relato. A partir de las palabras de los boxeadores se reconstruye la vida del mejor peso pesado de la historia, con testimonios colmados de respeto y gratitud. Su conversión al islamismo se muestra con los gritos de Ali (“¡¿Cómo me llamo?! ¡¿Cómo me llamo?!”) mientras golpea a un adversario que se había burlado de él, al llamarlo por su antiguo nombre, Cassius Clay. George Foreman habla con una admiración pavorosa sobre el hombre que destruyó sus ilusiones. Después de la histórica pelea en Zaire -retratada con maestría en el documental Cuando éramos reyes (1996)- Foreman nunca volvió a ser el mismo. De Joe Frazier, su clásico rival, Ali diría: “Es la otra clase de negro. No es como yo. Es el Tío Tom”. Ese era el término peyorativo utilizado para referirse a los negros serviciales con los blancos, que no defendían las banderas que levantaba la comunidad negra. Sin embargo, a Frazier se le llenan los ojos de lágrimas cuando recuerda la enfermedad de Parkinson que padece Ali. Larry Holmes, que había sido su sparring, enfrentó a Ali en el final de su carrera: “Me daba miedo pegarle en el cuerpo. Entrené muchas veces con él, y cuando iba al baño, orinaba sangre”. “Si se hubiera retirado a tiempo, hoy sería el presidente de Estados Unidos”, sentencia Ron Lye, con unas palabras que son fieles a la nostalgia que se percibe en Facing Ali.

Si uno quisiera comparar a Muhammad Ali con un ícono similar en el universo ficcional del boxeo, el único que estaría a la altura del desafío sería Rocky Balboa. El 4 de febrero se estrena Creed, que cuenta la historia de Adonis, hijo del eterno rival de Rocky, Apollo Creed. Aunque ya hay algunas versiones online, el regreso de Balboa debe verse en el cine. No hay que caer en la tentación del living. Creed es para disfrutar con amigos en pantalla grande, después de una cena fraternal. En esta oportunidad, Rocky es el entrenador de Adonis, con quien forja una relación paternal, que remite a la que tuvo con Marie, la adolescente que aconsejaba Balboa en la primera entrega de la saga y de la que se enamoraba en Rocky Balboa (2006), la última aparición del semental italiano. La leyenda de una tercera pelea con Apollo, a puertas cerradas, es uno de los guiños más divertidos de Creed, donde Stallone consigue una de las actuaciones más emotivas de su vida y revitaliza con sangre joven a la figura mitológica de Rocky.

Philip RothLiteratura (y algo más): Phillip Roth y la maestra rural de Lamberti

Por Flavio Lo Presti | @LoFlavio

Siempre que puedo recomiendo ver la segunda película de Peter Jackson, Criaturas celestiales: primera vez que vi a Kate Winslet en pantalla haciendo de una adolescente criada por una familia británica rica; en Nueva Zelanda conoce a Pauline, una compañera pobre del colegio, y juntas inventan un mundo de fantasía animado en plastilina que les da salida a su amor por la cultura popular de la época (el cine, la música) y al que nace entre ellas. El final no es para gente impresionable.

Para ver, además, voy a hacer una recomendación indefendible: tuve una pequeña crisis que me llevó a ver en dos semanas How I Met Your Mother, y debajo de la simpatía ligeramente repulsiva de sus personajes (obsesionados con casarse y tener éxito siempre reservando un recodo éticamente decoroso para no ser directamente despreciables) subyace una gran máquina de contar historias: Ted les cuenta a sus hijos, en el 2030, cómo conoció a su esposa, pero sobre cada pequeño detalle de esa historia romántica hay infinitas versiones que a veces se complementan y a veces se contradicen, y a veces ni siquiera terminan de dar toda su verdad. Chistes robados de Seinfeld y Friends, un actor gay interpretando a un gigoló absurdamente imaginativo: para ver de a diez capítulos con un tarro de helado.

Siempre que puedo también recomiendo leer tres novelas que son parte del tronco de la cultura literaria yanqui y que, me consta, han pasado desapercibidas para grandes lectores: 1) El lamento de Portnoy de Phillip Roth, que además de ser divertidísima nos hace el favor de hacer foco en el impacto de la fuerza del deseo sexual y su choque con el mundo práctico y las demandas sociales ; 2) El mundo según Garp, de John Irving, un fresco gigante de la historia contemporánea estadounidense entre las décadas del 40 y 70, atravesado por la vida de un escritor concebido en “un tiro único” por una madre protofeminista que odia a los hombres y un soldado descerebrado y moribundo que solo aporta su nombre y su semen; 3) La Opera Flotante, primera novela de John Barth, monumento a la metaficción pero al mismo tiempo delicadísima aventura ética e intelectual vivida por el abogado Todd Andrews, quien, paciente de una extraña afección cardíaca que puede matarlo sin aviso en cualquier momento, cuenta el día de su vida en que “cambió de opinión”: el día en el que (en el momento más alto de su especulación ética) decide volar un catamarán y con él a la mitad de la población de su pequeña ciudad natal. Para eso debe contarnos casi toda su extravagante vida, yendo y viniendo por la historia con una maestría inusual para un escritor de veintiséis años.

Por confianza en lo que hizo y para acompañarlo en su primera salida en una editorial grande, recomiendo buscar el año que viene el libro de Luciano Lamberti, La maestra rural.