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Tetas por dentro

Leticia Martin
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Lolas, de Flor Canosa, llegó a mí a cuento de haber ganado el Premio Equis de Novela 2015. Intenté leerlo sin prejuicio y tomé los recaudos necesarios para ser crítica ante la presencia de un título lo suficientemente liviano y “sutil”, como para entrarme por los ojos. Lolas. ¿Por qué “lolas”? ¿Tanto cuesta llamar a las cosas por su nombre? Pese al nombre, la novela se dedica a hablar de un par de tetas muy bien puestas. Implantadas, sí. Pero bien puestas en el sentido literal del término. Sin embargo, lo que en la trama es pura acción y periplo, en la tapa se hace ver como una especie de miedo subrayado. La gráfica ilustra la palabra obturando su posibilidad de hacer sentido. Para rematarla, todo es rosa lubertino. Tetas, colores, letra cursiva, un corpiño en la contratapa. La sociedad heteronormativa, chocha. ¿Pero qué había más allá del diseño que lograba mantenerme entretenida?

Tetas, así voy a llamar a la novela desde ahora, cuenta los avatares de una mujer que se separa y queda presa, en medio de la división de bienes, de un gasto que no se sabe muy bien hasta qué punto eligió hacer ella. Sus dos tetas siliconadas ya no le pertenecen. El abogado del marido le hace saber que no hay vuelta atrás y que en un lapso breve de tiempo deberá devolver sus prótesis con número de serie o, en su defecto, el monto exacto del costo del implante. ¿Cómo sortear tamaño y turgente problema? Ahí viene la artillería de astucias, chistes, gags e identificaciones que Canosa maneja con total soltura cuando narra. No voy a enumerarlos porque vale la pena sorprenderse leyéndolos, verse representado en algunos de ellos, reírse del género, saltar los pensamientos paranoicos de la protagonista y su relación con el sexo opuesto y las redes sociales. Sin embargo sí voy a decir que en ese recorrido el personaje va dejándose atravesar y modificándose. La autora parece entregada a los propósitos de sus personajes, que por momentos avanzan, pareciera, por encima de sus propias intenciones. Hasta aquí todo es ganancia. Personajes divertidos, tono pasatista, gracia para narrar, mucha actualidad, relaciones humanas, sexo. Pero en una segunda lectura aparece la pregunta por el lector que construye ese melodrama. ¿Estamos frente a otra novela de ese género infelizmente llamado “chick lit”? De una vez hay que decirlo, el punto débil de Tetas es la superación. La protagonista bien podría ser un personaje de Sex and the city, siempre ventilando su emocionalidad border, arrastrándose por los hombres, preguntándose por su relación por ellos y exigiendo cada vez más del sexo opuesto. Eso es lo que molesta y se vuelve inverosímil: la construcción de una mujer “gataflora”, matahombres, manipuladora, descreída, y a la vez -a nivel del tono- la sucesión de gags standaperos, que pretenden universalizar los rasgos del género.

Tetas está bien escrito, no quiero que esta afirmación sea pasada por alto. Canosa tiene agallas y desnuda muy bien algunas intimidades. Sin embargo peca en esa misma liviandad que le aplaudimos, en ese aire de época que lo tiñe todo y le da un costado de autoayuda, en el intento de ir a favor de la corriente y salvar al personaje, en algún punto.

tapa

Lolas

Flor Canosa

Editorial El Cuervo

2015

130 páginas