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FALSA ESCUADRA

Campos de algodón

Romina Sánchez
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-Viene Creedence. ¿Qué hacemos? ¿Vamos?

-Quedan solo dos integrantes originales. Ahora se hacen llamar Creedence Clearwater Revisited. Los Fogerty hace rato que no están, uno se murió y el otro no sé en qué andará. Pero vamos si querés.

-Claro. ¡Mirá si se mueren estos! Porque algún día se van a morir, Romi.

Creedence fue la más potente banda de http://rbh-access.com/viagra-in-spain sonido de mi infancia. Todavía recuerdo a mi vieja preparando la sopa y alguna otra cosa para almorzar. Yo hacía la tarea antes de comer, apenas llegada de la escuela, con el guardapolvo aún puesto, y así mis tardes de otoño eran interminables, libres. Volcaba mis juguetes en el patio de contrapiso y armaba grandes escenas de historias que me inventaba al pasar. De fondo, sonaba la banda de California. Con “Travelin’ band” hacía bailar un rock desprolijo a mi muñeca Josefina, mi preferida, junto a Hortensia. Mientras, el aroma del ajo se fundía y se confundía con el de http://lion-queen.com/soft-tab-levitra la cebolla y el del puerro y buy levitra online usa'>buy levitra online usa el del apio, cuyos trozos, más tarde, yo separaría en el plato aunque la cuchara fuese grande, con la paciencia de una gallina que escarba para sacar a la superficie los fideos municiones.

-Pero las nenas no bailan juntas, Ro- me decía mi tía Silvia mientras devoraba un pedazo de pan.

-Estas sí porque son amigas, tía. Y Creedence es para bailar entre amigos.

Entonces, fuimos a ver a Creedence.

Mi tía tiene casi cincuenta y cara de nena, como todas las mujeres de la familia. Pero, además, ella se comporta como una nena. Cuando estamos juntas, yo soy su espejo.

-¿Cuánto están las remeras, pibe?

-100 pesos, señora.

-¡Pero chicos, no estamos en el lejano oeste para que nos asalten a punta de pistola!

Desde el stand nos miraron con algo de lástima, mientras huíamos hacia la platea, como escapando del ring raje, con un gol anotado en la rx online cialis diversión todo terreno. Una vez sentadas, empezamos a reírnos de http://logos.com.uy/cialis-daily un hombre que dormía con la boca abierta, nos peleanos por el programa-abanico y agitamos para que la platea pidiera por los de California, o lo que queda de ellos.

Cerca de las diez de la noche, el Luna Park parecía un cielo exultante de estrellas, estrellas que se veían cerca, grandes y a las que parecía posible tocar. Como en el interior. Pero cuando a los segundos se oyeron los primeros acordes, algo en viagra buy now'>viagra buy now la comunión se quebró: las estrellas se hicieron celulares, cámaras. Pero nosotras seguíamos ahí. Nosotras y la banda. Nuestra banda.

-Che, este pelado canta igual a Fogerty- me dice.

-Sí, pero no es Fogerty.

-Ya sé. Pero es lo más cercano que tenemos.

-Te acordás cuando adelantábamos la cinta del cassette porque “Susie Q” nos parecía un bodrio.

-Ay, sí. Pero ahora no me resulta tan mala.

Creedence es de esas cosas vivas del pasado que me unen a mi tía. Es el pasado en el presente, la infancia reasumida en la adultez. Es nostalgia y es amor. Nosotras somos del bando de cialis online in usa'>cialis online in usa las antisolo. Y Creedence, ese martes, con guitarrista nuevo, abundó en solos. Así que nos colgamos viendo como algunas parejas bailaban eléctricamente en el campo. Antes de salir por Corrientes, revisando el show, tarareando temas como borrachas, me dijo desilusionada: “No cantaron ‘Campos de algodón’”. Y después, con una sonrisa, como tratando de empatarla: “Tus muñecas bailaban mejor, eran más naturales”.