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LA MALA LECHE

Trabajo en Europa del Este

Martín Rodríguez
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En el tinellismo nuestro límite es Del Moro.

Más allá está la ceguera de los que llegan a bancar un Iúdica.

(Tuit de Tomiolava)

 1. Hace años el enorme Nicolás Casullo celebró el éxito de “La Noche del 10”, el hermoso programa familiar de Diego Maradona en canal 13, de un modo que quizás adelantaba las claves de toda la “fanfarria cultural” que se precipitó pocos años después: Maradona tiñe de negro una pantalla tan blanca. 2. Haciendo historia es bueno recordar que para muchos Telefe era El Canal Menemista, con una mezcla rápidamente caracterizada de “conservadurismo popular” y “grasada” que hegemonizó la audiencia de esa década; y canal 13, así, en ese reparto simbólico, era el ariete televisivo del grupo que no comulgó con el menemismo y que parecía un canal radical o frepasista, el más moderno, pero cómodo en su segundo puesto, independiente y progresista. Era River. Y, en tal caso, terminó siendo el refugio de la militancia del “aguante la ficción” bajo el ala del gran operador Adrián Suar, mascarón de proa de una tele “competitiva y de calidad” que nunca terminaba de redondear el liderazgo. Algo así como: en una Argentina grasa es mejor salir segundo y “salvarse”. 3. Bastante se dijo en los últimos años, con las exageraciones del caso: Tinelli es un conductor justicialista que reinventa cada dos años -con leves tics o giros bruscos si es necesario- la representación de la patria televisiva. Esto es según Federico Scigliano: alguien que podría ser presidente de la nación y no quiere. 4. Desde que Tinelli produjo su arribo a canal 13 el primer lugar quedó arraigado a Constitución. (Uf, la escena cuando era llevado desde canal 9 por Daniel Hadad manejando el helicóptero.) La importación de Tinelli fue el corolario del éxito de “La Noche del 10” y destiñó la tradicional “blancura”, metamorfoseó sus ficciones que cada vez más viraron desde el siempre monstruoso costumbrismo hasta el culebrón, e hizo cada vez más centro Showmatch. Tinelli ganó cada vez más espacio imponiendo algo inédito como programas de chismes de la tarde, una industria “ajena” que vive de las esquirlas de sus noches. 5. Hoy, cuando la pantalla de Constitución preocupa en su enfriamiento, cuando las ficciones devuelven a TELEFE al primer lugar, se acelera el operativo de “la vuelta” de Tinelli. Así, en ínterin, ubica sus “Bailando por un sueño” y “Cantando por un sueño” en el primetime para que calienten la pantalla en su regreso y no tenga que remontar la cuesta desde tan abajo. 6. El triunfo de Tinelli, su reinado ininterrumpido hace más de veinte años, podría formular el pasaje de continuidad entre una década y otra. Pero no. La vida es más compleja que cualquier chori-sociología al paso. 7. Tinelli con su San Lorenzo, con su Bolívar y sus emprendimientos deportivos, con su Ideas del Sur, con sus xxxxx, resulta ya una entidad corporativa con la que ningún presidente esquivó fotografiarse. Es el gobernador de un territorio por momentos muy preciso, por momentos desconocido, pero que engloba un sistema de guiños, códigos y placer, cuya sobrevivencia ya es institucional y cuya autoridad es casi papal. Pasa la “batalla cultural”, la 125, la reelección, etc., y él está ahí. Saluda la edad dorada de cada político como quien conoce los secretos de la fe. Y es, para canal 13, la presencia de algo político y comercial que refleja una contradicción con sus antiguos ideales estéticos. 8. Tinelli sobrevivió a la estigmatización política cuando a falta de adjetivos se tatuaba la “tinellización” en cada cosa que molestaba a la praxis progresista, un espectro mental de vozarrón viñesco que dice “menemato, menemato, menemato”.  9. Por supuesto que cada segundo televisivo, sea 678 o Showmatch, puede ser visto como la punta del iceberg de negociaciones políticas. El costo comercial del minuto de aire también tiene su cotización política. Habría que chusmear el historial de llamadas del Chato Prada. Pero la tele, también, es libre. Tampoco hagamos estadistas con talco. 10. La pregunta cuando uno mira las televisiones argentinas -dicha en los términos valorativos de la policía de la lengua de estos años- es: ¿dónde está lo blanco y dónde está lo negro en la tele de hoy? ¿Cuál es la verdadera tele populista que sintoniza con un ciclo que a muchos les gusta llamar “populista”? ¿El plebeyo Tinelli o o el académico Laclau?