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LA MALA LECHE

Día de la bandera

Martín Rodríguez
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1. Belgrano es el prócer favorito de Cristina. Manuel Belgrano, creador de una bandera, y una vocación múltiple:abogado, periodista,economista,político,militar. Todos los hombres de la Independencia fueron muchas cosas a la vez. Y el por qué todos los grandes hombres del siglo 19 eran tantas cosas a la vez tal vez es sencillo: no había tantos para hacer todo lo que hacía falta. Hombres sobrenaturales, que cortaron la maleza para que empiece el “nosotros”. Los próceres (como todo mito) a esta altura podrían ser emulados a la condición de tierra virgen a la que cada tanto algunos conquistadores descubren, clavan sus banderas, escriben libros, con suerte best sellers, y así. 2. No existe el fin del mundo. Existe un límite del mundo: Antártida, un continente sin edad. Vamos a llamarlo así. O: el continente más antiguo, que vive en el frío, congelado. Que espera que inventemos la inmortalidad. Como Walt Disney. O un continente que sólo permanece. Un mundo adentro del mundo. Porque “un día” el movimiento de las placas lo dejó tan lejos. Es un reloj bajo el agua o enterrado en la nieve, que todavía dice la edad de la tierra. 3. En Antártida hay una pequeña comunidad de hombres y naciones que la habitan sobre la base de la solidaridad y la cooperación. 4. Y así, las banderas parecen flamear siempre blancas. Soberanía universal del hombre sobre una oscuridad blanca por la que avanza a tientas. Un continente donde nunca un hombre fue asesinado por otro. Un frío incomprensible para la psicología. Todo bajo cero, todo blanco: nevadas sobre la nieve, blanco sobre blanco, glaciares, hasta que aparecen las manchas negras de las rocas o animales, animales blancos. ¿Quiénes van a investigar y ampliar la frontera de la humanidad, año a año, en nombre del conocimiento? ¿Y quiénes son los argentinos que van? ¿Cómo es volver de eso que rodea una Base, una nevada que parece llevar siglos cayendo y que se mira por una ventanita que es tan estatal como la ventanita de un celular o como qué, o como una netbook de un chico de Garín? Se siente distinto el que vuelve de allá, se siente como el convicto que fue a una guerra, pero como si hubiese ido a la paz. ¿Hay traumas después de la paz? Un lugar que cada tanto se deshiela un poco, o desprende hidratos de metano, se llena de burbujas el agua y algunos hombres en lancha, como chicos, recogen las burbujas. Llenan planillas con datos sobre el calentamiento global, es decir, esa mentira de la que queremos acusar a la industria porque nos da miedo la verdad: que el mundo tiene su tiempo, que no es infinito. 5. Pensar una Antártida así y pensar en las tribus perdidas del Amazonas, las que cada tanto son descubiertas, las que apuntan con un arco y una flecha a un helicóptero, las que son protegidas “desde afuera” por la antropología que no cesa mientras ellos desde adentro no conocen el afuera. Son preservados para que no conozcan el afuera. ¿Cuánto tardarían los espejitos de colores del capitalismo en hacer trizas la fauna milenaria de esos hombres y mujeres que saldrían de la necesidad y se arrojarían a los brazos del deseo? O como el mito que oí de boca de una descendiente huarpe, ella decía que aún cerca de las antiguas lagunas de Guanacache, entre Mendoza y San Juan, había familias que hablaban el huarpe, en el monte. Existen lugares adentro de la imaginación donde aún viven el hombre y la naturaleza, tal como alguna vez los fijó la biblia darwinista de la especie en el bocho de la civilización. Imaginemos tribus aisladas, mundo sin mundo, o imaginemos el continente blanco sólo habitado por una comunidad de la ciencia. 6. No sé qué día, a qué edad le voy a contar a mi hijo quién es Videla por ejemplo. ¿Y si no se lo cuento nunca? ¿Y si vive sin eso, sin eso de lo que no es culpable para nada? Sin las “enseñanzas” que te arrinconan hasta que aceptás vos también cargar la piedra pesada. 7. Mi hijo se llama Manuel porque me gusta cómo suena. Tiene un año y medio. Camina, juega, se ríe o llora, no tiene palabras para nombrar lo que ve. Su mundo termina ahí. No es una imagen exactamente de ternura sino de límites lo que me interesa pensar. Siento a veces el deseo de que escuche Los Beatles y sienta como yo una hermosa nostalgia de lo que no vivimos. Había una vez un mundo que ya no existe más. La escuela le enseñará geografía, historia, hacer cuentas y la lengua de los padres. Que sea libre. Que corra por su continente blanco, mientras yo en la lancha junto las burbujas que miden el tiempo que le queda en la inocencia. 8. Uh, va a ser argentino. Y todas esas cosas.