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Paraguay, después del golpe

Federico Vázquez
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“Back in Miami eating” dice en uno de sus tuits el nuevo director de la TV pública paraguaya, Cristian Turrini, que tiene por currículum ser accionista de Calypso Wirelless Inc., una empresa de tecnología inscripta en Estados Unidos. Remplaza a Marcelo Martinessi, un cineasta joven que en pocos meses había logrado construir desde cero un canal de televisión estatal, al estilo de Encuentro. Algo que seguramente cambiará cuando Turrini comience a tomar decisiones en la programación de la emisora.

En esta misma semana el Senado paraguayo rechazó formalmente el ingreso de Venezuela al Mercosur. La votación mostró cierta división al interior de la nueva alianza de gobierno que posibilitó el juicio político exprés a Lugo: 11 senadores liberales se retiraron de la sesión señalando que esa votación se parecía bastante a una provocación a los países vecinos y que el debate debía posponerse para más adelante (por ejemplo, para cuando Paraguay tenga una nueva legitimidad democrática, reconocida por los demás gobiernos).

Las consecuencias del golpe político a Fernando Lugo -que ya cumplió dos meses- se palpan en medidas de gobierno y acciones políticas ligadas a una concepción ideológica diametralmente opuesta a lo que había votado la ciudadanía en el 2008. Muestran también que el gobierno interino de Federico Franco no llegó sólo para “cumplir” el tiempo de mandato que se le negó a su compañero de fórmula, sino para dar marcha atrás en los cambios moderados que el ex obispo había logrado llevar a cabo.

“La gente no cuestionaba al gobierno por lo que se hizo sino por lo que no se hizo”, nos cuenta Henrique Ferreira, Secretario de Relaciones Internacionales del P-mas, una de las fuerzas de izquierda más cercanas a Lugo. Pero la sensación, desde Buenos Aires, es que el gobierno de Franco no tuvo muchos problemas en consolidarse, algo en lo que Ferreira no está de acuerdo: “No es así, el golpe de estado fue producto de una convergencia de intereses, por un lado el interés de impedir el crecimiento de la izquierda, por otro lado quebrar una alianza entre el Partido Liberal y la izquierda para allanar así el camino al regreso del Partido Colorado al poder. Entonces, internamente, el Partido Liberal también tiene duras luchas al interior de su partido, con problemas para la estabilidad del gabinete, pues debe repartir cargos para tener equilibrio, y por otro lado tiene trabas desde el parlamento -de sus otrora aliados en el juicio político exprés- para la aprobación de proyectos y reprogramaciones presupuestarias. Y a esto sumale el desfavorable panorama internacional, donde nadie le atiende el teléfono a Federico Franco.”

Más allá del balance sobre cuál es la verdadera fuerza del gobierno, lo concreto es que el reloj electoral está corriendo. En abril próximo las elecciones nacionales terminaran de dibujar un nuevo mapa político nacional, y dejarán atrás el golpe contra Lugo. En ese marco, las corrientes de izquierda que siguen junto a Lugo están intentando reacomodarse a esa realidad inesperada, con su principal referente fuera del poder ejecutivo y haciendo una campaña presidencial desde el llano. Ferreira admite que “el panorama para el 21 de abril es aún incierto, faltan que se ubiquen ciertas piezas. Por un lado el PLRA ya definió su candidato, que será Efraín Alegre (senador que voto a favor del golpe), por otro lado el Partido Colorado que debe dirimir la candidatura en sus primarias, estaría entre Horacio Cartes (empresario tabacalero devenido a político) y Javier Zacarías Irún (caudillo y ex intendente de Ciudad del Este). Entre ambas fuerzas, se sabe que el PLRA tiene su techo electoral y que es sensiblemente menor al del Partido Colorado.”

En las filas del luguismo, los problemas de cara a las elecciones no son tan distintos a los que tenían antes del derrocamiento. Lugo estaba y está impedido para competir por otro mandato, y hacía tiempo que las cuentas en el Congreso mostraban que esa puerta no se habilitaría mediante una reforma constitucional. Aunque sí eran muchos los que apostaban a que aún con las diferencias mostradas en la gestión, liberales y luguistas terminaran cerrando un acuerdo electoral que los posicionara para repetir la hazaña de 2008, cuando vencieron al eterno partido colorado. Ferreira explica así el laboratorio político en que está inmersa la izquierda por estos días: “aún no se definió candidatura. Por un lado un grupo de 11 organizaciones tienen 3 candidatos, y por el otro, hay 9 que apoyan a Mario Ferreiro, entre el los está el P-mas. Mario Ferreiro es el candidato de la izquierda mejor posicionado en las encuestas: entre un 10% y 15% de la preferencia, los demás candidatos están entre un 0.3 y 0.4%. Creemos que debemos ponernos ya de acuerdo, ganar tiempo y capitalizar descontento de independientes y sectores de los partidos tradicionales.” Y aunque todo está por verse, Lugo podría estar en las boletas como candidato a senador, apuntalando a la fórmula presidencial que intentará convencer a los paraguayos que todo lo que ocurre hoy fue sólo una mala pesadilla. Por estos días, nadie duerme la siesta en Asunción.